Introducción
Las espondiloartritis son un grupo amplio de enfermedades que pueden afectar desde la población infantil hasta los adultos jóvenes (usualmente, a menores de 40 años) y que, generalmente, comprometen con un dolor de comportamiento inflamatorio. Es frecuente considerar el compromiso lumbar, pero pueden afectar varios segmentos que han representado cambios en su clasificación. La determinación del biomarcador genético HLA-B27 es un importante elemento dentro de la fisiopatología de la enfermedad. A la fecha, se reconocen varias manifestaciones cutáneas, aunque la más relevante, sin dudas, es la asociada a la artritis psoriásica.
Epidemiología
El término espondiloartritis (EspA) se ha presentado como una categoría conceptual que históricamente ha agrupado diferentes enfermedades tales como espondilitis anquilosante, artritis psoriásica, EspA asociada a enfermedad inflamatoria intestinal, artritis reactiva y EspA indiferenciada. Recientemente, el mayor conocimiento de la fisiopatología de la enfermedad ha permitido integrar el concepto de una patología global, categorizando en función de los síntomas predominantes a los pacientes en los diagnósticos de EspA axial o EspA periférica (1).
En Colombia, se considera como una de las enfermedades reumatológicas inflamatorias más frecuentes, después de la artritis reumatoide, con una estimación de prevalencia poblacional del 0.03 al 0.36%, para la espondilitis anquilosante, y entre el 0.13 al 0.61%, para las EspA Indiferenciadas (2, 3). Dada su evolución, con tendencia hacia la cronicidad y el compromiso sistémico, sus bases fisiopatológicas se sustentan en las bases conceptuales del papel del sistema inmunológico y su disfunción en el contexto de un componente autoinflamatorio (4). Todo lo anterior condiciona las diferentes estrategias diagnósticas, terapéuticas y de seguimiento clínico, basados en la evidencia.
Se entienden, entonces, como enfermedades que comparten un sustrato en común genético, clínico y fisiopatológico, presentado en términos de compromiso del esqueleto axial (articulaciones sacroilíacas y columna vertebral), manifestaciones periféricas distintivas (dactilitis, entesitis y mono-oligoartritis asimétrica de los miembros inferiores principalmente) y fenotipos extraarticulares característicos (uveitis anterior, psoriasis, enfermedad intestinal inflamatoria, entre otros) (5). Adicionalmente, es relevante tener en cuenta su asociación con el antígeno leucocitario humano B27 del complejo mayor de histocompatibilidad clase I (HLA-B27) (6).
La artritis psoriásica (AP) es una enfermedad heterogénea y sistémica, cuyas manifestaciones clínicas incluyen inflamación articular, entesitis, dactilitis y compromiso axial junto con la afectación cutánea y ungueal por psoriasis. La APs se puede presentar en alrededor del 30% de los pacientes con psoriasis, en quienes pueden aparecer manifestaciones adicionales de otros dominios de la enfermedad. En las fases de mayor carga inflamatoria, esta condición se relaciona con un incremento de comorbilidades y manifestaciones metabólicas, junto con una mayor morbilidad cardiovascular y psicológica (7).
Presentación Clínica
El compromiso cutáneo de la enfermedad psoriásica se caracteriza por la presencia de psoriasis, como enfermedad crónica de la piel con bases inmunopatológicas. La patogenia de esta condición implica, entre otros, un sustrato inflamatorio con la participación predominante de la vía de las células T auxiliares tipo 17 (TH17). Esta condición afecta por igual tanto a mujeres como a hombres y su prevalencia es mayor en la edad adulta. Se estima que la psoriasis puede afectar alrededor del 3% de la población, la que es en placas es la variante común, la cual representa un poco más del 80% de todos los casos (8).
Desde el punto de vista clínico, la psoriasis en placas se caracteriza por la presencia de lesiones eritematosas en parches o placas escamosas, que ocurren predominantemente en las superficies extensoras; sin embargo, pueden afectar las áreas intertriginosas, palmas, plantas, uñas y cuero cabelludo. Otras variantes morfológicas, que también se pueden encontrar en estos pacientes, incluyen la psoriasis guttata, psoriasis eritrodérmica y psoriasis pustulosa, entre otros.
Mientras que una variante típicamente predomina en cada individuo, diferentes variantes pueden presentarse de forma simultánea en el mismo paciente, en cualquier momento de la evolución de la enfermedad. No obstante, la mayoría de las variantes de psoriasis comparten tres características clínicas en la piel que son importantes para el diagnóstico: eritema, engrosamiento y descamación (9) (ver figuras 5.49 y 5.50).